14 de noviembre de 2011

Competencia Desleal

Oyes, qué bien montado tienen el tenderete algunos. Ya es bien verdad que más vale caer en gracia que ser gracioso. Y es que hay gremios que por obra del espíritu santo se pasan la bendita competencia y el libre comercio, o como se llame a la libertad de las empresas de poner precio a lo que venden, por el lugar ese que está cerca de donde el arco del triundo se torna peludo. En otros gremios, en cambio, la batalla es a cara de perro y si te gusta bien y si no también, que fabricando el China o en la India a manos de tiernos infantes y a precio de chichinabo podemos poner unos precios de risa, competir y aún y así ganar una pasta a costa del sufrido consumador. Pero cuando hablamos de farmacias y fármacos la cosa cambia, con la Iglesia hemos topado y aquí no se mueve ni Dios.

Ojito a la escena. Aprovechando que en mi trabajo tenemos unos maravillosos beneficios sociales, de esos que te derrites de gusto, me dirigí a la farmacia de la esquina porque me habían dicho en la oficina que los precios para los que trabajamos en mi maravillosa compañía son de lo bueno lo mejor. El descuento es de nada menos que un increíble 10%. Así que ni corto ni perezoso entro en la citada y bonita farmacia sin dejarme cegar por la estridente luz del verde neón que colgaba de su entrada dispuesto a dejarme seducir por las ofertas que sólo nosotros podemos disfrutar. Me acerco al señor facultativo y, con el debido respeto, le pido que si tiene a bien darme un potecito de esos para cuando me pican los ojos y así evitar que me los saque en una pérdida de papeles antes de lo deseado.

Una vez el señor farmacéutico se mete en la rebotica, esa donde no quiero ni  saber lo que se traginará con la señora farmacéutica cuando a media tarde no entre ni Dios, se acerca medicina en mano para cobrarme el frasquito de marras a precio de como si lo hubiera ido a buscar a la China a nado. Entonces aprovecho que pasa por el escáner la cajita y le digo que nosotros, los que trabajamos en la marca ACME  tenemos un descuento del carajo en esa botica y que si sería posible que me lo aplicara como mandan los cánones. Y oyes, o el amigo notó cómo se quebraba mi voz pidiendo el descuentito o, pardiez, me tomó por el pito del sereno por pedir aquello en plena crisis. Así que mientras me miraba catatónico me espetó, con una sonrisa socarrona, que lo del descuento no iba a poder ser.

¿Qué te chupe qué? le dije yo sin levantar mucho la voz para que no me oyera el resto de la clientela y dejándose llevar por la algarabía reinante pidieran a gritos una succión gratuita a la par que desestresante. , dijo, los descuento para los amigos de la marca ACME son para todo lo que se vende en la farmacia menos para los medicamentos. Tócate los huevos, como si a la farmacia fuera uno a comprar melocotones. Y remató diciendo que hacer descuento sería competencia desleal, el hijoputa. Y ahí me cayó una lágrima. Competencia desleal, empecé a repetirme varias veces para procesar el asunto. Competencia desleal. Así que me giré y miré a ver qué me podría yo comprar en una farmacia y que no tuviera nada que ver con medicamentos. Y la lista no era muy larga. Potitos variados de frutas y carne, juanolas, chupetes, pañales, condones y algún champú de esos de farmacia que cuesta un huevo. Ah, y unos Fisherman’s Friend. ¡Qué fuerte!

Cuando la lágrima llegó a la comisura de mis labios saqué la lengua para reciclarla y, para mis adentros y aunque me supo mal porque ellas siempre pillan, me cagué en las señoras madres de todos los farmacéuticos del mundo. Así del tirón y sin acritud. Hay que joderse, pensé, resulta que hoy en día quien más quien menos está inmerso en una encarnizada batalla por ofrecer ofertas suculentas para comprar esto y aquello y, en cambio, los farmacéuticos y por ende las empresas farmacéuticas tienen la cara dura de decirte que no, que no va a poder ser, que ellos descuentos no hacen y que eso de los descuentos es de cabrones y que el precio se paga tal cual pone en la cajita, sin rebajas de ninguna clase, que si quieres Juanolas vale, pero que lo que cura se paga como Dios manda.

Así que oyes, el chollo que tienen montado las empresas del sector es de tres pares de pelotas. No sólo cuando te cuelan millones de vacunas de la gripe del  pollo sin que puedas decirles que se las metan donde puedan en caso de que finalmente no te hagan falta. No, el negocio va más allá porque está bendecido, in nomine patris, por la coyuntura gubernamental habida y por haber, y que a la postre es la que recibe las mejores succiones del gremio en cuestión. Y claro, así el bisnes va de cine. Ni rebajas, ni hostias. Y todos a mirar a otro lado, como tiene que ser. Y si todos los gremios hicieran lo mismo estábamos apañados. El del automóvil, el de la electrónica o el de la construcción, por ejemplo, podría pasar que se cuadraran y acabaran del tirón con eso del libre mercado y entonces nos la podrían meter doblada cuando compráramos un coche, una tele o un castillo en Villabotijos de Arriba.

Total, que salí de la farmacia dándole vueltas al coco y echando humo. Iba pensando que la próxima vez les compraría la cajita su puñetera madre, pero luego caí en la cuenta de que si no fuera a esa farmacia tendría que ir a otra en la que estaríamos en las mismas con un precio exactamente igual, por lo que la penetración de la que había sido objeto no iba a ser la única, por lo que era mejor que al menos la disfrutara. Competencia desleal, seguía yo diciéndome mientras caminaba hacia el trabajo. Mientras algunos las pasan jodidas por la dura competencia que hay en este mundo capitalista de mierda otros, en cambio, viven mejor que quieren y tienen una flor en el trasero. Te dicen que no te pueden hacer un mísero descuento porque si no las otras farmacias pondrían el grito en el cielo. Y oyes, para decir eso hay que tener mucha cara dura o ser muy hijo de puta. Una de dos. O incluso las dos.



J. Coltrane