No sé, será que como prácticamente acabo de llegar de las américas igual es que han cambiado mucho las cosas en la Madre Patria y voy más perdido que ZP de presidente o, igual, es que simplemente me he quedado atrás. O quizás será que como a bote pronto bebo menos que una monja de clausura entonces esta estupidez subida de tono que me he encontrado al llegar a casa se me atraganta y me tiene en shock. En fin, no sé, la cuestión es que antes ya me había fijado que éramos todos medio mongólicos, algunos un poco más que otros claro, pero ahora viendo a las gentes por la noche, rollo místico, ginebra en mano, entonces ya he confirmado mi teoría de que finos, lo que se dice finos, no andamos.
Y oyes, yo me desorino todo entero. Cuando me fui de este pueblo a hacer las américas hará cosa ya de dos años dejé aquí el tema controlado en cuanto a las costumbres del populacho se refiere y, aunque ya detecté el enésimo brote de tontería supina, ahora ya me quedo de pasta de moniato viendo la soplapollez generalizada que se respira cuando cae el sol en este lugar inmerso en una crisis de caballo. Tiempo atrás, como digo, se empezaba a llevar la tontería de beber por la noche en la copa esa hortopédica que pesa un huevo y parte del otro. Tiene el mismo alcohol que el clásico tubo de toda la vida pero como para rellenar le añaden una tonelada de hielo terminas la noche con agujetas en los brazos aguantando, de mano a mano, la dichosa copichuela.
Como siempre hay espacio para más cuando se recurre a tirar de modas, se le ha subido al carro del copón el misticismo barato de casi idolatrar al propio líquido que va dentro de la copa del meao. Ahora, pasados dos años, parece que un licor de mierda como era la ginebra, que sólo lo tomaban imberbes, borrachos y mujeres de mal vivir y buen trajinar se ha popularizado hasta tal punto que casi se ha convertido en un licor místico, al alcance de muy pocos y por el que hay que desembolsar cantidades que, si lo hubiera sabido en aquellas primeras noches de fiesta que pasaba yo en mi infancia, me lo hubiera bebido sin reparos en previsión de estar a la moda en un futuro no muy lejano que ya es presente.
Porque quién se lo iba a decir a la ginebra, con lo cutre y lo pobre que era pedir un gintonic cuando te podías pedir un güiski y quedar como un señor. Pero ya ves, en un tiempo el liquidillo en cuestión ha alcanzado propiedades tales que el que no consuma con una ginebra y un copón a juego en mano es que no consuma ni a la de tres. Y no se te ocurra pedir tu ginebra en vaso de tubo, que te miran con cara de qué inculto y que gilipollas es el tío este. No, ahora para pedir la ginebra hay que hacer un máster, para saber exactamente cómo y qué pedir. El pepino, otra de esas hortalizas cutres que nunca pensarías en poner en una bebida que no fueras a tirar por el retrete, se le pone desde hace no muchos años a la ginebra aunque algunos digan que la beben con pepinaco desde que tienen uso de razón.
Sí, yo esto, y muchas otras cosas, lo he visto y oído durante las pocas noches en las que me quedan fuerzas para arrastrarme por alguno de los garitos de moda de la ciudad para tomar algo en vaso de tubo. Que ahora tomo en tubo ya sólo para llevar la contraria. Porque es curioso que cuando uno habla con las gentes con las que ha tomado copas toda la vida ahora resulta que te dicen que cómo no tomas en copón. Y si se te ocurre, Dios no quiera, decir que no tomas porque no te sale de los huevos y porque hasta hace dos días ni el tato usaba esos bonitos y ligeros recipientes para emborracharse, entonces te dan de collejas y te espetan que cómo que no, nen. Si ellos toda su fructífera vida nocturna han tirado de copa de campeones pero que tú, en otros sucios menesteres, no te has coscado porque no atiendes a lo que hay que atender. Pues vale. Amén.
Así que oyes, uno se sienta en la mesa y es un descojone. Empieza a ver un espectáculo que es para mear y no echar gota. Aquellos que hace no mucho se bebían hasta el agua de los floreros ahora te piden, con cara seria pero digo yo que aguantando la risa de entendidos de tres al cuarto, una ginebra de tal marca que aromatizará, el puñetero, con una fresa, un limón, un pepino o lo que se tercie, que el acompañamiento depende en mucho del líquido elemento. Ah, y nada de Schweppes cutre, no, la tónica también tiene su propia religión. Así que uno va pidiendo, se va animando con las pijadas y cuando se quiere dar cuenta el pepino de la ginebra se lo meten a uno bien dobladito por la retaguardia y para dentro, que es donde más duele, y entonces es cuando se siente que de verdad lo que duelen son los 16 ó 20 euracos que te cobran por tanta gilipollez snob.
Pero cuando te da el ictus es cuando ya ves las explicaciones de las cartas de los garitos sobre el tema en cuestión. Ahí si me quisieran sacar sangre no me encontrarían la vena. “Ginebra limpia, brillante y cristalina” rezan unos. Que faltaría que por el precio te la dieran sucia, opaca y con submarinos.”Destaca la sutileza de sus botánicos más exóticos”, “envuelta por aroma de clavo y comino”. Y tú piensas ¿estarán hablando en serio de ginebra esta gente? “Entrada dulzona con despliegue de sensaciones herbales, cítricos y anisados”, “retrogusto amargo y largo”. O sea, q encima se repite. “Aroma limpio”, “un sabor que se desarrolla pasando de un ligero toque de enebro a un final de regaliz” donde uno se pone palote perdido, les falta añadir. “Final suave y aterciopelado” dicen otros. O rematan, para acabar, “Equilibrada y compleja. Con amargor residual”, lo que dicho de otro modo, es el amargor que te deja cuando, camino de casa, te das cuenta de que con la tontería y gilipollez extremas te han soplado, por la cara, 20 euros del ala.
J. Coltrane
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