20 de octubre de 2011

Con la Muerte en los Talones

En este momento de mi vida, justo cuando ella pende de un fino hilo, me veo con la obligación moral de despedirme momentáneamente de mi afición. Por lo que pueda ser más que nada. No creo, de todas formas, que nadie me eche mucho de menos por estos lares si es que por aquellas cosas del destino no vuelvo como me he ido, pero es de justicia hacerlo por aquellos que en momentos de zozobra vienen a perder el tiempo a esta bitácora de chichinabo. Me encanta que los planes salgan bien, pero no siempre salen así. Es por ello que si no aparezco en lo que resta de eternidad pues ya sabréis que algo fue mal, que las cosas no salieron como esperaba y que estoy por arriba. Vamos, a estas alturas espero ya tener ganado el paraíso porque soy un santo varón, pero nunca se sabe. Viendo lo que veo a diario me extrañaría que a mí me enviaran a galeras.

En fin, que me voy del tema que nos ocupa. No pretendo, ni mucho menos y por la cuenta que me trae, que esto sea un hasta siempre sino un hasta muy pronto, jodido, pero hasta pronto. Porque como cuando uno entra en quirófano y se pone en las delicadas manos de un galeno nunca sabe cómo va a salir yo me voy despidiendo, que las cosas hay que dejarlas arregladas. Con los médicos uno sabe cómo entra pero nunca sabe si va a salir con los pies por delante y frío como la mojama. Y no es que, así en general, yo desconfíe de los médicos, válgame Dios, pero eso de que te metan mano por dentro con la tensión que soportan a día de hoy con los recortes y esas cosas tan feas que dicen que les van a hacer pues no apetece. Que uno entra por dolor en el oído y con los nervios sale sin un huevo.

Yo, por si las moscas, en cuanto empiece a notar los efectos del sedante corriendo por mis venas me llevaré las manos a mis colgantes para protegerlos de cualquier ataque a traición con bisturí o artilugio punzocortante similar y le recordaré al señor doctor, si puedo articular palabra y no tengo la boca muy pastosa ya, que en tal día como ese hemos venido a tocar las narices, exclusivamente, y no los huevos. Así que ojito. No sea que el doctor se equivoque de papelito y con el estrés me acaben haciendo la esterrectomía de colon del vecino de quirófano. Otra opción que barajo para limitar los riesgos es pintarme una flechita de color rojo señalando dónde deben intervenirme. Rollo indirecta. Es drástico, pero para evitar malos entendidos cualquier cosa sirve.

Espero, por otra parte, que me lleven a quirófano como Dios manda, o sea, hecho un pincel. En los hospitales a los pacientes se nos maltrata con la vestimenta lo que no está escrito. Y a mí eso de la batita con la vertical detrás pues no me acaba de hacer el peso. Básicamente porque si te pillan en un renuncio enseñas íntegra la retaguardia con todas sus miserias (y sus grandes virtudes). Y claro, yendo por el lugar drogado hasta el tuétano pues es bastante sencillo que antes de que te quieras dar cuenta hayas enseñado al respetable las zonas más inhóspitas de tu cuerpo serrano sólo exploradas por aguerridas amazonas. Ir por ahí dormido o medio atontado sabiendo que sólo llevas una triste bata no es la mejor manera de caer en los brazos de Morfeo. En fin, no sé si para tocarme las narices hará falta que me dejen las pelotas al descubierto.

Supongo que lo hacen para joder, porque con el frío que dicen que hace en los quirófanos sólo falta que te pongan la batita y a correr. Debe entrar un frío por ahí abajo que ni te cuento. Así que ya me veo o bien pillando una pulmonía gracias a la falta de abrigo, o bien pillando una enfermedad rara de esas que sólo aparacen en los libros de medicina. Así a los virus y bacterias del lugar se lo ponen a huevo. Porque de todos es sabido el festín que se dan esos animalicos en el quirófano cuando abren a uno en canal. En cuanto ven la sangre del enfermo le hacen la ola y se tiran a tumba abierta para revolcarse por entre las entrañas humanas a ver si ya de paso le contagian algo. Yo como estoy de buen ver y soy bien sano espero que no se ceben demasiado.

Total, que uno entra para que le toquen una defectillo tonto y sale con tres enfermedades de nuevo cuño. Sea como sea, esperemos que el horario del partido no afecte a la concentración de los dos jugadores que me van a meter mano. No creáis, me tiene mosca que me hayan convocado para el magno evento en pleno viernes a las 6 de la tarde hora zulú. Me sedarán y me dejarán tirado en una camilla del hospital enseñando mis vergüenzas antes de esa hora, pero el árbitro no pitará el inicio del destripamiento hasta las 6. Y a mí me parece muy tarde. Porque digo yo echando cuentas, si uno no puede comer nada 8 horas antes de la operación ¿por qué cojones no me operan a primera hora de la mañana estos cabrones? Me van a hacer pasar más hambre que al perro de un ciego.

Además, en viernes y a esas horas ya sólo estarán pensando en acabar cuanto antes, que empieza el Sálvame Deluxe o irse al Luz de Gaz a arrambar cebolleta. Querrán rematar el tema rápido y darme pasaporte. A la habitación y a ver cuándo come uno, que entre pitos y flautas no sé cuándo voy a poder comer bocado sólido. A ver cómo con el cansancio del día y de toda la semana me dejan la zona afectada. En fin, todo eso lo asumiré yo como riesgo añadido a una operación a cara de perro con la muerte. Espero que si salgo de esta al menos mi cara quede en tan buen estado como la tengo ahora. Con sus cositas más o menos bien pero con sus cositas originales. No querría acabar con la nariz de la Esteban. ¿Me entiendes?.

Y claro, tras la fiesta Dios quiera que haya resaca. Veremos cómo se pasan las dos semanas de duro postoperatorio todo el día metido en casa vagueando como los del Gran Hermano, magnificándolo y confundiéndolo todo. Suerte que tengo planeado pasear por el barrio con los abuelos controlando las obras, pienso sentarme en los bancos del parque a ver pasar la vida y además quiero aprovechar para ver de nuevo mi arsenal de películas de Woody Allen así como los últimos grandes éxitos que parió el cine patrio a manos de Pajares y Esteso. A ver si así me escapo un poco de la rutina y olvido que el dolor me tiene doblado. Pero bueno, para eso habrá que esperar a ver si me dejan seco en la camilla o me despierto poco a poco para poder volver a ver la luz del sol. En cuanto el sedante corra por mis venas mi vida penderá de un fino hilo y tendré la muerte en los talones. Sin exagerar ni .



J. Coltrane

2 comentarios:

damienkarras dijo...
Este comentario ha sido eliminado por el autor.
damienkarras dijo...

Un "relato" sublime, mi más sincera enhorabuena. Tú no te preocupes por nada, que va a salir todo de narices, (sí lo sé, no es original, pero es "efectista").

Sobretodo que el apéndice nasal no vea aumentado su tamaño, no vaya a ser que haya una lluvia de gafas y las pilles tú todas ;-)

Nos vamos leyendo... Ánimo y que vaya todo a pedir de boca.