Estimado Wilson Andrés Pacheco:
En primer lugar déjame que te envíe un afectuoso y cálido saludo a ti y a tu santa esposa a la que veo tantas y tantas mañanas salir de esta nuestra comunidad y enfilar calle abajo en una de vuestras incontables bicicletas para dirijirse, supongo, a trabajar y ganarse un sueldo que tan difícil se ha puesto últimamente en esta ciudad. A ti no suelo verte porque tu oficio de cocinero no hace que coincidamos en ninguna ocasión por los rellanos.
Pero permíteme, sin más preámbulos y para que no te haga perder tu valioso tiempo, que vaya directo al tema que nos ocupa y que, a muchos, nos preocupa. El asunto en cuestión es el estado de desorder en el que acostumbra a estar vuestra terraza. Ya sé que, lo primero que dirás, y ahí te daré la razón porque así es, es que esa terraza es vuestra. Sí, en eso no hay dudas al respecto. Y por lo mismo te diré que, a pesar de ser vuestra, forma parte de la fachada y la fisonomía del edificio y que al ser un lugar visible del mismo es de interés general de todos los vecinos que la mantengáis en la mejor de las condiciones teniendo en cuenta que es visible desde cualquier punto del interior de nuestra manzana.
Yo entiendo que eres un manitas, que te gusta ir en bici y que para una mente despierta y creadora como la tuya cualquier objeto de la calle es digno de convertirse en un cachibache de preciado valor, pero Wilson, no nos engañemos, ni tú ni nadie puede pretender tener 8 bicicletas cuando en casa sólo estás tú y tu esposa que, como decía, siempre veo en bici calle abajo, por lo que, aprovecho para recordarte que atiendas más si cabe, los frenos del artefacto que usa tu esposa, la señora de Pacheco Sánchez, a menos que un día quieras sacarla de dentro del autobús con la bici incluida. Ya sabes que aquí las pendientes son muy pronunciadas y cualquier error de ese tipo puede acarrear serias consecuencias.
En fin, que me voy del asunto. Esta carta viene a propósito de lo hablado en la última junta de vecinos al respecto de todo el desorden que reina habitualmente en tus dominios, donde las bicicletas, los carritos de la compra, los cochecitos de bebé y demás enseres son objetos asiduos diseminados por la terraza y a la vista de un vecindario que ya no se sorprende de nada. Entiendo también que quieras tener alguna sillita de bebé por si vete a saber qué, ¿pero cuatro sillitas son necesarias? Más teniendo en cuenta, y permíteme que me meta en camisas de once varas, que la señora de Pacheco Sánchez hace ya algunos lustros que cerró la botica y que, por tanto, dejó de ser fértil para engendrar vida en su interior. O al menos vida humana tal y como la conocemos.
Así pues no le veo el sentido a almacenar objetos de esa índole que, llámame atrevido, entiendo que para vosotros son de poca utilidad. Las sillitas de bebé, por ejemplo, no dejan de sorprenderme en vuestra casa, ya que vosotros ni tenéis coche ni tenéis un jovencito al que sentar en ellas. Además, este tipo de útiles no han sidio concebidos para estar a la intemperie, sino al abrigo de un techo donde evitar el desgaste que produce el sol, la lluvia y los demás agentes climatológicos que como bien sabes suelen sumir a nuestra bella ciudad en un caos contínuo más frecuentemente de lo deseado.
También te convido a que elimines alguno de los tres carritos de la compra que hay en la terraza y en los que, imagino, debes tener ya algún molusco o ecosistema propio después de tanto tiempo recogiendo agua del cielo. Quizás va siendo hora de pensar en qué hace falta y qué no hace falta tener en casa. Lo que sí haría falta, por ejemplo, es un armario de jardín de esos de plástico, que son relativamente baratos, que te vendría de cine para guardar todas esas herramientas que tienes diseminadas por la terraza y que tan mal lucen a ojos de la vecindad. En la junta no se votó al respecto, pero estoy seguro que todos estaremos de acuerdo en que ni siquiera haría falta que ordenaras demasiado el interior del armario, con que esté todo allá a puerta cerrada sería suficiente. Sería un valioso progreso para todos nosotros.
Es por todos apreciado tu sentido del reciclaje, pero a la vez se nos parte el alma cuando vemos que no acabas de entender la idea de lo que en sí mismo es reciclar. Traer a casa todo tipo de enseres con el objetivo del aprovechamiento y el reacondicionamento de los mismos no es lo que se entiende aquí por reciclar, que, permíteme te diga, viene a ser algo sustancialmente opuesto. Aquí entendemos por reciclar a llevar eso que no nos sirve a los containers de desperdicios para que sean tratados por manos de profesionales en lugares acondicionados específicamente para tal efecto. Y no Wilson, ni tu casa ni tu terraza son uno de esos lugares aunque a simple vista, por ser un espacio diáfano, lo parezca e incluso invite a tal desmán.
Hubiera sido para mí un honor, por mi cargo de adjunto a la presidencia, ponerte al día de tales asuntos referentes a tu vivienda, pero como no habéis acudido a las juntas vecinales ni una sola vez o, mejor dicho, sólo una vez para decir que esta boca es mía y salir corriendo, pues no hemos podido comentaros el malestar de la junta en referencia al mare magnum de cosas que tenéis en vuestra terraza que, entre nosotros, digamos que son poco útiles. Así pues te invito junto con el resto de la junta de Gobierno a que tengas a bien adecentar tus posesiones y, en la medida de lo posible, dejes para mejor ocasión la búsqueda sistemática de desperdicios por las papeleras y los containers del barrio. Lo único que sacarás en claro de ahí será una enfermedad. Posiblemente contagiosa.
En fin Wilson, sin más que comentar por el momento, y esperando que esta carta te encuentre en plenitud de tus facultades, me gustaría agradecerte el tiempo que has dedicado a estas palabras y espero que aprecies el comentario que desde el cariño te hacemos tus vecinos porque queremos lo mejor para ti y tu familia y porque, si me permites, estamos un poco cansados de ver que la terraza no acaba de estar tan limpia y recogida como todos quisiéramos. Gracias por tu tiempo y tu esfuerzo de antemano. Permaneceremos a la espera de ver cómo progresa tu vivienda. Una vecindad más limpia es cosa de todos. Seré el primero en felicitarte cuando me asome a la ventana y vea que todo ese caos se ha convertido en diligente organización.
Un saludo
J. Coltrane
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