Querido Wilson:
La otra tarde, justo cuando llegaba a la puerta del edificio que compartimos, y justo después de esquivar una caca perruna que apareció de la nada cruzándose en mi camino, me acordé de ti. Viniste a mi cabeza como por arte de magia y pensé que ya iba siendo hora de comentarte un tema que nos preocupa a la vecindad. A veces te lo he querido decir, pero como te veo salir a toda prisa nunca acabo por pararte y hacerte saber que, en resumen, el ala oeste del edificio, justo el que da al interior de la manzana, está de ti y de la tropa que vive contigo hasta las pelotas. Los de este lado, como digo, tenemos la suerte de poder disfrutar de la ya de por si maravillosa vista del interior de la manzana a la que se suma, gracias por eso, tu aportación al caos con una terraza que más que terraza parece un vertedero de basura.
Francamente Wilson, no he visto en mi vida tanta mierda junta. No sé cómo se puede ser tan guarro y desordenado. Perdona mi franqueza chico, pero es que no se puede almacenar tanta porquería inútil sin estar enfermo. De momento no creo que tengas el síndrome de Diógenes, pero estás a tiro de piedra, de verdad. Como con la edad uno empeora y además ya se la trae floja todo, no descartaría que en unos años te vea, si es que no he podido huir de esta cloaca, recogiendo aún más basura de la que recoges actualmente con Olguita, tu jovial y atractiva esposa que, entre nosotros, podría ser tu santa madre. Pero esa es harina de otro costal. En fin, no te tomes a mal estas palabras Wilson. Las digo sin acritud. Aún estás a tiempo de solucionar este problemilla que no es sólo tuyo pues nos atañe a todos los que vivimos de cara a tu vivienda.
Y es que a ver Wilson, si yo entiendo que te guste ir en bici y, probablemente, del lugar del que vienes no habrás podido disfrutar todo lo que hubieras querido del maravilloso mundo de las bicicletas sin que un forajido te diera dos hostias y te dejara volviendo a casa a pie. Sí, intento entenderlo, pero oyes, eso es una cosa y otra muy distinta es que te creas con carta blanca para llenar tu terraza de bicicletas hechas un asco como si de un aparcamiento se tratara. No majo no, la terraza, si está a la vista del vecindario, hay que tenerla limpia y bien cuidada, como hace tu vecina entre botella y botella de Rioja. Y mira, me parece bien que alguien como tú crea que todo lo que hay en la calle es digno de ser reutilizado y reaprovechado, pero cuando ya tienes 6 bicicletas y restos para montar otras tres, y sólo sois dos en casa, pues qué quieres que te diga, me parece que te pasas.
No sé, si te encuentro por la escalera algún día y me saludas, que sería toda una novedad, ya te diré en persona que eso de buscar en las papeleras y los containers del barrio está muy feo por estas latitudes. Aquí lo hacen, como decía, los abuelos que ya han perdido la chaveta y los pobres que duermen en la calle. En su caso es normal, los unos porque ya no van finos y los otros porque son indigentes y, o buscan abrigo en algo que encuentren entre la basura o pillan una neumonía de tres pares de pelotas. Y luego están los que, como tú, creen que encontrarán algo de provecho entre la basura y lo único que hacen es llevar mierda sobre mierda a casa para compartirla con el vecindario. A ver, igual en tu pueblo se hace y me parece hasta bien, pero majo, aquí no. Aquí el que busca entre las basuras sin necesidad es porque es un guarro.
No sé qué dirá Olguita, que tiene tela el diminutivo con la pinta que maneja la amiga, cuando te vea abriendo los containers de la esquina para llevarte a casa, por si las moscas, la tercera sillita de bebé para el coche. Teniedo en cuenta que no tenéis ni bebé ni coche, ni vais a tener ni lo uno ni lo otro, ya me explicarás. Igual, podría ser, estás lanzando mensajes subliminales a Olguita. Podría ser, pero Wilson, diría que ni los ha pillado ni los va a pillar nunca. Por las tres veces que he cruzado palabra con ella no parece de ser de esas mujeres perspicaces que corren por el mundo. Más bien todo lo contrario. Si lo que quieres es dejarla preñada lo mejor es que se lo digas o que la cojas a traición en un renuncio mientras se agacha a por una servilleta. Si vas con indirectas con Olguita lo tienes mal.
Claro que todo esto en el supuesto de que la susodicha, que fácil te debe doblar la edad, esté a tiempo de fecundar y dar a luz una criatura que, Dios no quiera, seguro que acabará rebuscando entre las basuras tan pronto como llegue a la altura de asomarse a las mismas. De casta le viene al galgo, o para que me entiendas, de tal palo tal astilla. Es ley de vida. Vamos, que con el ejemplo que mamaría el pequeño Wilson en casa seguro que sería un portento moviéndose entre la mierda comunitaria, como su padre, que siendo cocinero como eres tiene tela dónde metes las manos. Ah, avísame dónde trabajas; para no ir más que nada. Sólo tú, dejando este vicio tan feo que tienes, puedes evitar que Wilson no lo adquiera en un futuro próximo.
En fin, querido convecino, si lees estas líneas, o te las leen que es lo más probable, espero que las tomes a bien ya que no son sólo mías sino de toda una comunidad que anda ya bastante cansada de ver lo que ve en tu terraza. Cambia, da un giro a tu vida y retira toda esa mierda callejera que tienes almacenada en tus dominios a la vista de los elementos y de los vecinos. Esa será la única manera de conseguir que el clamor popular no siga aumentando en tu contra y que, por tanto, no lleguemos a extremos para nadie deseados como el que se comentó en la última junta y que, entre nosotros, me parece un pelo excesivo. Aunque este país es una casa de putas y probablemente no pasaría nada ni que les diéramos tu dirección exacta, llamar a inmigración no es la mejor manera de solucionar un problema como el que nos ocupa. Pero podría valer. En tus manos está.
Un saludo
La otra tarde, justo cuando llegaba a la puerta del edificio que compartimos, y justo después de esquivar una caca perruna que apareció de la nada cruzándose en mi camino, me acordé de ti. Viniste a mi cabeza como por arte de magia y pensé que ya iba siendo hora de comentarte un tema que nos preocupa a la vecindad. A veces te lo he querido decir, pero como te veo salir a toda prisa nunca acabo por pararte y hacerte saber que, en resumen, el ala oeste del edificio, justo el que da al interior de la manzana, está de ti y de la tropa que vive contigo hasta las pelotas. Los de este lado, como digo, tenemos la suerte de poder disfrutar de la ya de por si maravillosa vista del interior de la manzana a la que se suma, gracias por eso, tu aportación al caos con una terraza que más que terraza parece un vertedero de basura.
Francamente Wilson, no he visto en mi vida tanta mierda junta. No sé cómo se puede ser tan guarro y desordenado. Perdona mi franqueza chico, pero es que no se puede almacenar tanta porquería inútil sin estar enfermo. De momento no creo que tengas el síndrome de Diógenes, pero estás a tiro de piedra, de verdad. Como con la edad uno empeora y además ya se la trae floja todo, no descartaría que en unos años te vea, si es que no he podido huir de esta cloaca, recogiendo aún más basura de la que recoges actualmente con Olguita, tu jovial y atractiva esposa que, entre nosotros, podría ser tu santa madre. Pero esa es harina de otro costal. En fin, no te tomes a mal estas palabras Wilson. Las digo sin acritud. Aún estás a tiempo de solucionar este problemilla que no es sólo tuyo pues nos atañe a todos los que vivimos de cara a tu vivienda.
Y es que a ver Wilson, si yo entiendo que te guste ir en bici y, probablemente, del lugar del que vienes no habrás podido disfrutar todo lo que hubieras querido del maravilloso mundo de las bicicletas sin que un forajido te diera dos hostias y te dejara volviendo a casa a pie. Sí, intento entenderlo, pero oyes, eso es una cosa y otra muy distinta es que te creas con carta blanca para llenar tu terraza de bicicletas hechas un asco como si de un aparcamiento se tratara. No majo no, la terraza, si está a la vista del vecindario, hay que tenerla limpia y bien cuidada, como hace tu vecina entre botella y botella de Rioja. Y mira, me parece bien que alguien como tú crea que todo lo que hay en la calle es digno de ser reutilizado y reaprovechado, pero cuando ya tienes 6 bicicletas y restos para montar otras tres, y sólo sois dos en casa, pues qué quieres que te diga, me parece que te pasas.
No sé, si te encuentro por la escalera algún día y me saludas, que sería toda una novedad, ya te diré en persona que eso de buscar en las papeleras y los containers del barrio está muy feo por estas latitudes. Aquí lo hacen, como decía, los abuelos que ya han perdido la chaveta y los pobres que duermen en la calle. En su caso es normal, los unos porque ya no van finos y los otros porque son indigentes y, o buscan abrigo en algo que encuentren entre la basura o pillan una neumonía de tres pares de pelotas. Y luego están los que, como tú, creen que encontrarán algo de provecho entre la basura y lo único que hacen es llevar mierda sobre mierda a casa para compartirla con el vecindario. A ver, igual en tu pueblo se hace y me parece hasta bien, pero majo, aquí no. Aquí el que busca entre las basuras sin necesidad es porque es un guarro.
No sé qué dirá Olguita, que tiene tela el diminutivo con la pinta que maneja la amiga, cuando te vea abriendo los containers de la esquina para llevarte a casa, por si las moscas, la tercera sillita de bebé para el coche. Teniedo en cuenta que no tenéis ni bebé ni coche, ni vais a tener ni lo uno ni lo otro, ya me explicarás. Igual, podría ser, estás lanzando mensajes subliminales a Olguita. Podría ser, pero Wilson, diría que ni los ha pillado ni los va a pillar nunca. Por las tres veces que he cruzado palabra con ella no parece de ser de esas mujeres perspicaces que corren por el mundo. Más bien todo lo contrario. Si lo que quieres es dejarla preñada lo mejor es que se lo digas o que la cojas a traición en un renuncio mientras se agacha a por una servilleta. Si vas con indirectas con Olguita lo tienes mal.
Claro que todo esto en el supuesto de que la susodicha, que fácil te debe doblar la edad, esté a tiempo de fecundar y dar a luz una criatura que, Dios no quiera, seguro que acabará rebuscando entre las basuras tan pronto como llegue a la altura de asomarse a las mismas. De casta le viene al galgo, o para que me entiendas, de tal palo tal astilla. Es ley de vida. Vamos, que con el ejemplo que mamaría el pequeño Wilson en casa seguro que sería un portento moviéndose entre la mierda comunitaria, como su padre, que siendo cocinero como eres tiene tela dónde metes las manos. Ah, avísame dónde trabajas; para no ir más que nada. Sólo tú, dejando este vicio tan feo que tienes, puedes evitar que Wilson no lo adquiera en un futuro próximo.
En fin, querido convecino, si lees estas líneas, o te las leen que es lo más probable, espero que las tomes a bien ya que no son sólo mías sino de toda una comunidad que anda ya bastante cansada de ver lo que ve en tu terraza. Cambia, da un giro a tu vida y retira toda esa mierda callejera que tienes almacenada en tus dominios a la vista de los elementos y de los vecinos. Esa será la única manera de conseguir que el clamor popular no siga aumentando en tu contra y que, por tanto, no lleguemos a extremos para nadie deseados como el que se comentó en la última junta y que, entre nosotros, me parece un pelo excesivo. Aunque este país es una casa de putas y probablemente no pasaría nada ni que les diéramos tu dirección exacta, llamar a inmigración no es la mejor manera de solucionar un problema como el que nos ocupa. Pero podría valer. En tus manos está.
Un saludo
J. Coltrane
1 comentarios:
Me pongo en pie para aplaudir...... Sin más
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