2 de agosto de 2011

Lo Que te Echaré de Menos Miami

Pues sí, ya va siendo hora de hacer maletas otra vez. Qué pocas ganas. Después de haber llegado aquí a Miami por primera vez en octubre de 2008 y tras todo este tiempo de viajes y de estancias por estos lares más o menos largas ya va siendo hora de centrarse de nuevo en mi vida real, la de toda la vida. Si me lo dicen no me lo creo. Primero que vendría alguna vez a esta ciudad, puesto que no era precisamente una de las que tenía en mi lista de prioridades. Después, y esto sí que es para mear y no echar gota, que me casaría en ella. Madre mía. Y, finalmente, que hasta llegaría a vivir aquí casi dos años de mi vida entre palmeras, Ferraris y silicona en forma de teta. Pues de broma en broma ya casi hace casi tres años de aquella primera vez.

A estas alturas la aventura de vivir fuera de mi ciudad es una experiencia que ya está agotada. Como todo en la vida hay que seber cerrar capítulos para empezar nuevos. La próxima parada es la Barcelona en la que de alguna forma también estrenaré aventura, puesto que conmigo vendrá mi querida esposa que lo deja todo aquí en los mayamis para irse conmigo a vivir a España. Tal y como están las cosas, a punto de la ecatombe, es de admiración tomar esa decisión. Y mira, por un lado tengo ganas de volver a casa, pero por otro no va a ser fácil dejar Miami. Porque como digo siempre sobre Miami a quien me pregunta, ésta no es una ciudad a la que vendría de vacaciones porque todo lo que hay en ella lo tengo cerca de mi casa, pero si uno tiene que estar aquí por algún motivo, como ha sido mi caso, para vivir la verdad es que es genial.

Os mentiría, y no pienso hacerlo, si os dijese que de Miami lo que más me gusta es el clima. En especial su temperatura, su cielo azul y ese sol brillante que siempre ilumina los días en estas latitudes. No, hay otras muchas cosas que me encantan de aquí, pero francamente esa es la que más. El sol de Miami lo cambia todo. De día y con sol, cuando junto a Brickell Bay el mar es un remanso de paz las cosas pintan diferente y darse un paseo junto al agua oliendo la brisa marina no tiene precio. Eso, que a estas alturas del verano puede ser un drama si uno no lleva su botellita de agua en ristre, es un puro placer  en invierno, cuando el sol calienta pero no quema. Entonces te pones tus zapatillas de deporte y sales a caminar o a correr junto al mar. Es un lujo que voy a echar mucho de menos, sobre todo sabiendo que, mientras, hay otros que se la pelan de frío.

Lo mismo que mis carreras hasta Key Biscayne a darme un chapuzón en las calientes e inmóbiles aguas del Cayo. El invierno aquí es tan suave que te echa a la calle para que camines, vayas a los parques y disfrutes tomando el sol. En invierno, pero, cuando cae el sol suele hacer un fresquito que sumado a la humedad a veces se hace duro, en especial porque aquí las casas no están listas para bajas temperaturas. Pero esos días fríos no suelen ser demasiados y hasta vienen bien para recordar que, aunque no suele aparecer mucho por aquí, el invierno sigue existiendo y se hace notar lo mismo que en el resto del país. Como digo yo, Miami vive en una permanente primavera todo el año a excepción de los tres meses de verano, donde el calor es tan excesivo y el sol tan extremo, que son los únicos meses que me harían irme a otro lugar para escapar de esta ciudad por un tiempo.

Pero salir a la terraza y ver el agua en la bahía es un lujo en cualquier momento. Veremos si a la vuelta me acostumbro de nuevo a la oscuridad del ala oeste de mi mansión y a asomarme a la ventana y ver sólo gatos en vez de gente haciendo running. Ciertamente eso no va a ser sencillo. Al igual que otra de mis pasiones aquí, que no es otra que asomarme cuando despunta el sol al inicio del día y ver los colores que pinta en el cielo. Creo que debe ser la única ventaja de pegarme los madrugones que me pego; poder salir en plena madrugada a ver cómo la noche deja paso al día casi sin inmutarse, segundo a segundo, la oscuridad se torna luz irremisiblemente, sin que uno pueda, ni quiera, hacer nada, simplemente abrir bien los ojos para admirar un momento de cine.

Es curioso porque Barcelona también es una ciudad abierta al mar pero no tengo la sensación de que todo gire en torno a él como lo hace aquí en Miami. Supongo que porque gran parte del año aquí el turista llega con protector solar y una toalla y porque vivo frente al mar. También porque gran parte del año puedo hacer otra de las cosas que más me gustan, que es bañarme en la piscina del condominio. Ese será otro de los placeres que voy a echar mucho de menos en Barcelona. Aquí para mí casi es una religión mi baño diario en la piscina en cuanto el tiempo lo permite, ya sea al mediodía o a la noche, y por supuesto después de venir de correr. Con el agua a 33º como la tenemos ahora es un placer bajar a la noche y bañarse a la luz de la luna, de las farolas o de ambas cosas.

Otra cosa que tendré muy presente al llegar a mi casa es que se acabó ver conciertos de los grupos que me gustan. Fue bonito tener la oportunidad de ir a ver a grandes bandas durante este tiempo. No han sido muchas tampoco, pero desde luego muchas más de las que hubieran sido si hubiera estado en Barcelona. En Miami no es fácil, pero sólo un poco más al norte, donde la gente habla inglés otra vez y ya no hay carteles en los comercios que dicen “English Spoken”, uno puede ver grandes conciertos en los lugares que menos se espera. Lo que ya tampoco me voy a esperar va a ser ver los pechotes y las caras de los maniquíes de las tiendas. La 120 volverá a dejar paso a la 90, y los maniquíes con cara de puta a los maniquíes con cara de mujer respetable de toda la vida. Es un hecho que los maniquíes aquí son busconas en toda regla.

Y lo mismo que la riqueza musical y pectoral es enorme, también lo es su riqueza en paisajes, cosa que también echaré de menos. No es que en Barcelona y cercanías nos falte riqueza en este aspecto precisamente, pero desde luego este país es un país para descubrir y en el que da gusto moverse de aquí para allá. En estos años la verdad es que no he parado, de Atlanta a New York y de Washington a New Orleans pasando por Chicago han sido los momentos álgidos en lo que a viajes se refiere en el interior del país. Y es que aquí hay muchas cosas caras, pero el viajar se puede hacer todavía a bastante buen precio. Una de mis intenciones es seguir viajando por estas tierras cuando vaya volviendo porque me apetece seguir conociendo este país.

En fin, que después de todo este tiempo, todos estos viajes y todas las cosas que han pasado en estos meses me iré de Miami con una sonrisa y con una lágrima a la almejilla, que es como hay que irse los sitios. Triste pero contento. Ha sido una gran época y una genial experiencia que no olvidaré nunca en un país fantástico que, como todos los países, pues tiene sus más y sus menos, pero para mí ha sido increíble conocer esta cultura y poder disfrutar de ella durante todo este tiempo. Aunque teniendo en cuenta que aquí habla español hasta el tato, tampoco es que haya conocido la América más real de todas, pero bueno, al final es bien cierto que cada lugar tiene su propia realidad, y la de Miami a mí al menos me ha encantado. Todavía no me he ido de aquí y ya tengo ganas de volver. Miami, guárdame un poquito de sol, que vuelvo dentro de nada.



J. Coltrane