5 de agosto de 2011

Lo Que te Echaré de Más Miami

Pero claro, no iban a ser todo halagos y buenas palabras para los mayamis, ¿no? Por estos lares también hay algunas cosas que me tocan las pelotas, no muchas dicho sea de paso, pero sí algunas. No todo es perfecto. Sin ir más lejos el rollo capitalista que uno huele en cuanto baja del avión es de toma pan y moja. Comprar, comprar y comprar. Sin piedad. Si tienes, compra, y si no, también, que ya habrá un banco que te dará un poco de plástico con lo que seguir tirando la pasta y viviendo a un ritmo que ni es el tuyo ni te puedes permitir. El país se mueve gracias a la compra y al vicio desenfrenado, que es lo que hace que la maquinaria patria gire sin parar, eso sí, a un ritmo que amenaza con ser insostenible. Como se está viendo desde hace algún tiempo el riesgo de que se vaya todo a tomar por culo aumenta día a día. Es el precio de vivir por encima de tus posibilidades.

Otra de las cosas que ya tengo ganas de dejar atrás es la poca claridad de las cuentas. Por un motivo que desconozco, cuando uno va un lugar en el que le sirve alguien habitualmente tiene que rascarse el bolsillo y dejar una propina. La verdad, por distintos motivos me parece algo tercermundista que no pasa en gran parte del primer mundo. O pasa menos. Ni en Europa ni mucho menos en Asia, donde incluso las propinas están mal vistas en algunos países. Aquí en USA, en cambio, es una norma. Al peluquero, al aparcacoches, en el restaurante, en el hotel, al taxista, a la madre que los parió a todos. Y ni si quiera hay una cantidad fila, unos se llevan un dolarcillo, otros el 15%. No sé por qué hay algunos oficios que merecen propina y otros no. ¿Por qué la cajera del súper no tiene derecho a una propina y el camarero sí? Porque no tiene sueldo, te dirá alguien y yo diré: pues coño, que le pongan un sueldo, como a todo hijo de vecino.

Y es que si no lo que acaba pasando es que se crea una inmensa bolsa de dinero negro que no se declara, produce una subida de la inflación y además convierte esto es una casa de putas y, como es habitual, al final acaban pagando los de siempre. Todo porque la propina no es más que una manera de hacer que el empresario pague una miseria a su empleado, fomentando los sueldos de mierda, y, bueno, si el sueldo del trabajador lo paga el que venga a comer o a hacerse un masaje pues mucho mejor. Suerte que en mi pueblo se deja lo justo. No tienes obligación de soltar viruta en un restaurante, en todo caso, si quieres, dejas el pico hasta redondear una cifra. Yo lo prefiero así, será cuestión de costumbre o de que soy de ciencias y me gustan las cuentas claras. Si algo vale 25 quiero pagar 25, y no 25 más un porcentaje a determinar por ciencia infusa. Eso es un cachondeo y una muy mala costumbre.

Aunque para mala costumbre la del aire acondicionado. Esa sí que no la voy a echar de menos. Aquí siempre la echo de más. Porque es que no tienen medida ni saben de ahorro energético los cabrones. Aquí el americano de pro no tiene límites para el tamaño de las cosas, ya sea un interminable coche con motor de 300 caballos (y un burro), ya sea para una tarrina de helado de 2 kilos, o bien una bolsa de patatas fritas donde puede uno meterse de pies a cabeza. Ellos funcionan así, aquí todo es exagerado, y el aire acondicionado igual. Si existen los termostatos aquí no saben usarlos. Sólo conocen el On y el Off. Desconozco, aunque lo intuyo, cómo será en otras ciudades del país, pero aquí en Miami uno pasa de estar cercano a la combustión a estar al punto de nieve en lo que cruza el umbral de una puerta. Es un bajón de 30 grados que mi cuello siempre acepta con cariño y resignación. ¿Tiene sentido poner el aire acondicionado para dormir tapado con el nórdico en vez de para reducir la temperatura y no asarse mientras te pegas un sueñito?

De lo que me voy a librar en cierta medida va a ser de la latinada gritona y bullanguera. No veas cómo grita esta gente. Son insoportables todo el día pegando gritos como verduleras. De todas maneras, como digo, será en cierta medida, ya que en Barcelona los latinos andan también por todas partes, lo que pasa es que los sufro menos que aquí. Además, aquí son distintos. No sé si será por algún trauma o porque el venirse a más produce estos efectos secundarios, pero al latino mayamiense le gusta fardar como nadie, sea con lo que sea, o el BMW, o dos buenas tetas XXXL, o el Vuitton, o el Rolex de oro del que cagó el moro. Aparentar es la palabra. Igual luego la sujeta en cuestión tiene que borrarse del gimnasio porque no puede pagarlo si quiere comer, pero no veas cómo farda con su BMW pareciendo que por pasta no será. Y lo mejor es que cuando te habla a la cara te dice que sí, que obvio, que la cena lo normal, 100$, con su vinito y sus cosas. Claro, a ella se lo paga su Yhonny, por eso es lo normal. La hijadeputa.

Donde al menos sí se ahorra dinero aunque se malgasta la salud es en los “restaurantes” de comida rápida. Ahí ni tips ni comida ni nada. Esos también los echaré de más. La verdad es que me gustan y en ciertos momentos ya os dije que me tenían enganchado hasta las trancas por algún estupefaciente que supongo que le ponen aquí a la comida, pero cada vez que voy a uno de estos salgo diciendo que nunca más. Que lo juro; que esta vez sí. Y a la semana siguiente vuelvo. Por fin se acerca otra vez el momento de dejar ese vicio tenebroso y volver a la claridad y el placer del menú nacional de toda la vida. Con su primero, su segundo y su postre. Con un par y a un precio razonable. Porque aquí las comidas de comer en los sitios que no sean fast suelen salir a precio de oro. Ólvidate de primero, segundo y postre básicamente porque el tamaño de los platos es como todo aquí, grande y, lo que es peor, caro.

Otra de las cosas que echaré de más de este país es un patrotismo barato encarnado en los anuncios del Army, de los Marines y del resto de la tropa armamentística americana. Ya me tocan las pelotas esos segundos de héroes que pegan tiros a miles de kilómetros de su casa y los cuales son por la libertad, la democracia y por todas esas gilipolleces con las que los que no han ido ni los que no van a ir en su puta vida les comen la cabeza al inculto pueblo americano para que se vayan a pegar tiros por su país pero en el culo del mundo. Hay que joderse. Claro que, cuando uno ve el anuncio con esos héroes tirándose por el suelo armados hasta los dientes, revolcándose en el fango, disparando al moro y corriendo entre detonaciones de mortero enemigo mientras el sudor corre por sus mejillas y a esa estampa le suman la banderita, el himno y las medallas, y claro, se me pone dura hasta a mí y todo. Normal que te entren ganas de vestirte de caqui y de salir por ahí a repartir plomo a diestro y siniestro a todo el que se mueva, y a los daños colaterales, que suelen ser personas, que les den por culo.

Lo que no cuentan estos cabrones en los anuncios esos en los que hablan de amistad, lealtad, honor y patriotismo es que en el caso de que, Dios no quiera, una bala tonta del Mustafá de turno te seccione la ahorta y te quedes, en el mejor de los casos, lelo, que entonces todos se lavarán las manos y mirarán para otro lado. Haberla visto venir Mike. Y te dirán que así, con esa pinta y esa babilla colgando, no puedes ir a pegar tiros a nadie que aún les darás a ellos. Y oyes, te darán la baja, una medalla por lo majo que has sido y apáñatelas como buenamente puedas y, si puedes, paga el seguro médico, que aquí sale baratito. Otra cosa que, por cierto, tampoco echaré de menos. No tener seguro médico ha sido un dolor de cabeza por el riesgo de que me pasara algo durante este tiempo. Por suerte no ha pasado nada y mi cuenta bancaria no ha sufrido los efectos de la crisis (y el timo) del “servicio” de salud americano. Aquí por una radiografía tienes que empeñar tu cuerpo al mejor postor.

En fin, que esto se acaba por el momento. Volver volveré. No sé cuándo pero a Miami volveré. Por el momento me toca disfrutar de la familia y los amigos como no he podido hacer durante todos estos meses. Ahora me toca compartir tiempo con otras personas. Y también me toca poder dormir otra vez como las gentes normales, levantándome a una hora decente y no antes que las gallinas. Empezar el día a las 5 de la mañana no puede ser sano ni para mis bioritmos ni para mis cosas. También va a ser maravilloso dejar de ir en coche a todas partes; las distancias se vuelven a hacer más cortas y ya me puedo ir olvidando de esos trayectos de 40 minutos para ir a una puta tienda, que para el lugareño está cerquita pero para mí está a tomar por culo. En fin, cierro maletas y cambio y corto por el momento. La próxima ya será desde Barcelona. Bye bye Miami!!



J. Coltrane